Nos Sobran Mafiosos, Gracias.

El que amenazare a otro con causarle a él, a su familia o a otras personas con las que esté íntimamente vinculado un mal que constituya delitos de homicidio, lesiones, aborto, contra la libertad, torturas y contra la integridad moral, la libertad sexual, la intimidad, el honor, el patrimonio y el orden socio-económico, o males que no constituyan delito… (Art. 169, 170 y 171 del Codigo Penal.)

Así se definen las amenazas en el Código Penal, en el que se hacen dos diferencias muy concretas, las amenazas con un acto delictivo y las de actos no delictivos, para cada una de ellas se marcan penas diferentes. Pero la cuestión es que las amenazas están penadas por la ley, sin embargo muchos creen que es algo cotidiano y que forma parte de la actividad laboral normal.


Es increíble con que ligereza, sobre todo en algunas empresas, pero también en las Administraciones Públicas, se intenta asustar y amedrentar con amenazas a los trabajadores para que dejen de reivindicar lo que por derecho les pertenece.


Son muchas las historias que a estas alturas he escuchado sobre encargados, jefes, gerentes, directores o políticos que en algún momento han amenazado a un empleado, con descender de categoría, reducirles el salario, e incluso, con la pérdida de su puesto de trabajo. Claro está, que estas amenazas siempre se realizan en privado o veladamente, de manera que se hace muy difícil, sino imposible, acudir a los tribunales para que el peso de la ley caiga sobre estos maleantes.

Todo esto viene a que en estos meses, no paran de llegarme noticias de que algunos jefecillos y politiquillos, de esos nombrados dactilarmente, están empezando a utilizar estas técnicas para proteger sus cargos, o para evitar que los trabajadores accedan a sus derechos, o directamente cuando alguna reivindicación les incomoda.

Estos majaderos venidos a más que no saben hacer la “O” con un canuto, y dependen de la política y sus ramajes, para tener un empleo, porque en la empresa privada no los querrían ni regalados, se suben rápidamente a la parra en cuanto les dan un carguillo y creen que son dioses que pueden hacer y decir lo que les da la real gana sin que acarree consecuencias para ellos.

Muchos de ellos, todopoderosos en sus pequeños universos, piensan que nada malo les puede pasar, y utilizan frases del tipo: “pues echamos a todos”, “no muerdas la mano que te da de comer” o “callate anda, que sino...”, esas técnicas pseudomafiosas trasnochadas, quizá hayan funcionado con otros en el pasado, y tal vez sea por eso por lo que las utilizan de manera habitual.

Lo cierto es que estas ratas cobardes, creen que sus cargos les duraran toda la vida, o al menos ellos intentarán que así sea, y no caen en la cuenta de que en algún momento, más temprano que tarde, se verán obligados a volver a la cloaca de la que salieron donde tendrán que vérselas con todos los cadáveres que han ido dejando a su paso.

Ahora podríamos decir: “Quien siembra vientos... Recoge tempestades”, “Quien a hierro mata... a hierro muere” o, mi preferida, “a cada cerdo le llega su San Martín” y por supuesto, nada mejor que tirar del refranero español para saber lo que les pasará a todos aquellos que se han creído intocables o que están por encima del bien y del mal.

Si alguno de vosotros, lectores, os sentís aludidos por estas palabras y creéis que estáis a salvo, porque aun no os ha llegado la hora, sabed que cada día que pasa la matacía está más cerca.

0 comentarios :

Publicar un comentario